No somos más.
Súbitos amantes, vidas enlazadas o entremezcladas en una bella telaraña, nuestra, invisible a sus ojos ignorantes. Tus manos en mi boca, mis ojos en los tuyos y este cielo, infinito como nosotros. Sin sentido. Dónde dejamos la cordura, enredada en las sábanas. Perdida en cualquier rincón.
Terrible el día que la tenga que encontrar. Revolveré los cajones, el del olvido, el de los recuerdos, el de la melancolía y demás que conforman mi cómoda. Vaciaré tus armarios, la llamaré a gritos con la desesperada esperanza de que vuelva, como el pequeño animal que al fin, cansado de la libertad, retorna. Todo en vano, será temporada alta en los cotos de caza, Cordura es demasiado pequeñita y son las leyes de la naturaleza; nadie la conseguirá encontrar.
Mientras, dejo que el tiempo nos consuma sin ella. Y es tan inexplicable, todo así. Perderme sin miedo en tus ojos. Volver a recitarte el cápitulo siete.
martes, noviembre 11
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2 comentarios:
perder la cordura tiene su encanto, blanca
bs
s
Antes, cuando llegué, mi.ra.me, ahora inocentes jactanciosos...
La verdad es que se llame como se llame este espacio que es tu casa yo voto porque esta tarada no dé nunca de lado lápiz y papel.
Besos.
P.D: Yo mi cordura ya la perdí hace mucho
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