jueves, noviembre 27
La dueña de este pequeño rincón del mundo hace mudanza a nueva dirección (revepourlhiver.blogspot.com) huyendo del pretencioso literario que había tomado este sitio con el tiempo. No prometo ser buena y dejar de martirizar vía este lugar. Solo pretendo un enfoque diferente, más "modo diario", aunque probablemente sea escrito para la lectura de nadie.
miércoles, noviembre 19
-Chopin: Nocturne #7 In C Sharp Minor, Op. 27/1, CT 114
He visto la primera bandada de estorinos de la temporada. Hoy, esta mañana.
Al tiempo que voy grabando sobre mi cuerpo todas las sílabas que me conforman. Dibujando con trazo fino y ligero letras microscópicas que se funden con la piel; azules eternas, tatuadas.
Y en mis pies, palabras de fuerza, asiento, con sabor a barro y a charcos y a asfalto, de entereza.
En mis manos, melancólicas; en mis uñas nostálgicas.
(La sangre recogiendo la tinta, connotándola como el veneno perfecto).
En mi vientre aquellas, las prohibidas, conformando el tabú, deseo.
En mis párpados aquellas con luz que antaño estuvo, entre letra y letra, deslumbradas.
En mi espalda mesajes abstractos en cifrado, jeroglífico irreal, tiempos descompuestos en absurdo, incógnitas.
O mi pecho arañado por caligrafía hiriente, afilando términos para ensartar. Conducir dolor.
Y en mis labios. Mis labios. En mis labios una única plabra, ilegible y eterna, abarcando toda la boca, desdibujándose en las comisuras. La palabra definitiva. La que nunca inventaremos. La que, al fin, diga.
He visto la primera bandada de estorinos de la temporada. Hoy, esta mañana.
Al tiempo que voy grabando sobre mi cuerpo todas las sílabas que me conforman. Dibujando con trazo fino y ligero letras microscópicas que se funden con la piel; azules eternas, tatuadas.
Y en mis pies, palabras de fuerza, asiento, con sabor a barro y a charcos y a asfalto, de entereza.
En mis manos, melancólicas; en mis uñas nostálgicas.
(La sangre recogiendo la tinta, connotándola como el veneno perfecto).
En mi vientre aquellas, las prohibidas, conformando el tabú, deseo.
En mis párpados aquellas con luz que antaño estuvo, entre letra y letra, deslumbradas.
En mi espalda mesajes abstractos en cifrado, jeroglífico irreal, tiempos descompuestos en absurdo, incógnitas.
O mi pecho arañado por caligrafía hiriente, afilando términos para ensartar. Conducir dolor.
Y en mis labios. Mis labios. En mis labios una única plabra, ilegible y eterna, abarcando toda la boca, desdibujándose en las comisuras. La palabra definitiva. La que nunca inventaremos. La que, al fin, diga.
martes, noviembre 11
No somos más.
Súbitos amantes, vidas enlazadas o entremezcladas en una bella telaraña, nuestra, invisible a sus ojos ignorantes. Tus manos en mi boca, mis ojos en los tuyos y este cielo, infinito como nosotros. Sin sentido. Dónde dejamos la cordura, enredada en las sábanas. Perdida en cualquier rincón.
Terrible el día que la tenga que encontrar. Revolveré los cajones, el del olvido, el de los recuerdos, el de la melancolía y demás que conforman mi cómoda. Vaciaré tus armarios, la llamaré a gritos con la desesperada esperanza de que vuelva, como el pequeño animal que al fin, cansado de la libertad, retorna. Todo en vano, será temporada alta en los cotos de caza, Cordura es demasiado pequeñita y son las leyes de la naturaleza; nadie la conseguirá encontrar.
Mientras, dejo que el tiempo nos consuma sin ella. Y es tan inexplicable, todo así. Perderme sin miedo en tus ojos. Volver a recitarte el cápitulo siete.
Súbitos amantes, vidas enlazadas o entremezcladas en una bella telaraña, nuestra, invisible a sus ojos ignorantes. Tus manos en mi boca, mis ojos en los tuyos y este cielo, infinito como nosotros. Sin sentido. Dónde dejamos la cordura, enredada en las sábanas. Perdida en cualquier rincón.
Terrible el día que la tenga que encontrar. Revolveré los cajones, el del olvido, el de los recuerdos, el de la melancolía y demás que conforman mi cómoda. Vaciaré tus armarios, la llamaré a gritos con la desesperada esperanza de que vuelva, como el pequeño animal que al fin, cansado de la libertad, retorna. Todo en vano, será temporada alta en los cotos de caza, Cordura es demasiado pequeñita y son las leyes de la naturaleza; nadie la conseguirá encontrar.
Mientras, dejo que el tiempo nos consuma sin ella. Y es tan inexplicable, todo así. Perderme sin miedo en tus ojos. Volver a recitarte el cápitulo siete.
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