Qué quieres que le haga. Si nunca me he sentido bien, si cada línea de luz que dibuja la persiana en tu espalda me abrasa y aquí, en esta habitación tapiada, no soy capaz de alcanzar el aire y respirar, o ahogarme; abandonar la libertad.
Por un momento de esclavitud, por una milésima de segundo que todo lo cambia. Que atrapa. Que sella una nueva marca en mi piel, una nueva, primera, eterna. Y aunque nunca más.
Adiós, querido.
Escrito la noche del 29 de junio.
sábado, diciembre 6
jueves, noviembre 27
La dueña de este pequeño rincón del mundo hace mudanza a nueva dirección (revepourlhiver.blogspot.com) huyendo del pretencioso literario que había tomado este sitio con el tiempo. No prometo ser buena y dejar de martirizar vía este lugar. Solo pretendo un enfoque diferente, más "modo diario", aunque probablemente sea escrito para la lectura de nadie.
miércoles, noviembre 19
-Chopin: Nocturne #7 In C Sharp Minor, Op. 27/1, CT 114
He visto la primera bandada de estorinos de la temporada. Hoy, esta mañana.
Al tiempo que voy grabando sobre mi cuerpo todas las sílabas que me conforman. Dibujando con trazo fino y ligero letras microscópicas que se funden con la piel; azules eternas, tatuadas.
Y en mis pies, palabras de fuerza, asiento, con sabor a barro y a charcos y a asfalto, de entereza.
En mis manos, melancólicas; en mis uñas nostálgicas.
(La sangre recogiendo la tinta, connotándola como el veneno perfecto).
En mi vientre aquellas, las prohibidas, conformando el tabú, deseo.
En mis párpados aquellas con luz que antaño estuvo, entre letra y letra, deslumbradas.
En mi espalda mesajes abstractos en cifrado, jeroglífico irreal, tiempos descompuestos en absurdo, incógnitas.
O mi pecho arañado por caligrafía hiriente, afilando términos para ensartar. Conducir dolor.
Y en mis labios. Mis labios. En mis labios una única plabra, ilegible y eterna, abarcando toda la boca, desdibujándose en las comisuras. La palabra definitiva. La que nunca inventaremos. La que, al fin, diga.
He visto la primera bandada de estorinos de la temporada. Hoy, esta mañana.
Al tiempo que voy grabando sobre mi cuerpo todas las sílabas que me conforman. Dibujando con trazo fino y ligero letras microscópicas que se funden con la piel; azules eternas, tatuadas.
Y en mis pies, palabras de fuerza, asiento, con sabor a barro y a charcos y a asfalto, de entereza.
En mis manos, melancólicas; en mis uñas nostálgicas.
(La sangre recogiendo la tinta, connotándola como el veneno perfecto).
En mi vientre aquellas, las prohibidas, conformando el tabú, deseo.
En mis párpados aquellas con luz que antaño estuvo, entre letra y letra, deslumbradas.
En mi espalda mesajes abstractos en cifrado, jeroglífico irreal, tiempos descompuestos en absurdo, incógnitas.
O mi pecho arañado por caligrafía hiriente, afilando términos para ensartar. Conducir dolor.
Y en mis labios. Mis labios. En mis labios una única plabra, ilegible y eterna, abarcando toda la boca, desdibujándose en las comisuras. La palabra definitiva. La que nunca inventaremos. La que, al fin, diga.
martes, noviembre 11
No somos más.
Súbitos amantes, vidas enlazadas o entremezcladas en una bella telaraña, nuestra, invisible a sus ojos ignorantes. Tus manos en mi boca, mis ojos en los tuyos y este cielo, infinito como nosotros. Sin sentido. Dónde dejamos la cordura, enredada en las sábanas. Perdida en cualquier rincón.
Terrible el día que la tenga que encontrar. Revolveré los cajones, el del olvido, el de los recuerdos, el de la melancolía y demás que conforman mi cómoda. Vaciaré tus armarios, la llamaré a gritos con la desesperada esperanza de que vuelva, como el pequeño animal que al fin, cansado de la libertad, retorna. Todo en vano, será temporada alta en los cotos de caza, Cordura es demasiado pequeñita y son las leyes de la naturaleza; nadie la conseguirá encontrar.
Mientras, dejo que el tiempo nos consuma sin ella. Y es tan inexplicable, todo así. Perderme sin miedo en tus ojos. Volver a recitarte el cápitulo siete.
Súbitos amantes, vidas enlazadas o entremezcladas en una bella telaraña, nuestra, invisible a sus ojos ignorantes. Tus manos en mi boca, mis ojos en los tuyos y este cielo, infinito como nosotros. Sin sentido. Dónde dejamos la cordura, enredada en las sábanas. Perdida en cualquier rincón.
Terrible el día que la tenga que encontrar. Revolveré los cajones, el del olvido, el de los recuerdos, el de la melancolía y demás que conforman mi cómoda. Vaciaré tus armarios, la llamaré a gritos con la desesperada esperanza de que vuelva, como el pequeño animal que al fin, cansado de la libertad, retorna. Todo en vano, será temporada alta en los cotos de caza, Cordura es demasiado pequeñita y son las leyes de la naturaleza; nadie la conseguirá encontrar.
Mientras, dejo que el tiempo nos consuma sin ella. Y es tan inexplicable, todo así. Perderme sin miedo en tus ojos. Volver a recitarte el cápitulo siete.
sábado, octubre 18
Meter un dedo en el agua. Arrancar el musgo con las uñas, dejándolas llenas de tierra. Permitir al airecillo bailar bajo la ropa. Contar las hojas que caen, una, dos, cuatro, veintiocho. Ver rojo casi brasa, ocre casi lienzo surrealista, gris casi muerte roca, verde casi ojos, verde ojos, verde ojos, verde ojos, digo verde casi discordante con otoño; casi primavera. Sol acariciando la cara entre las ramas. Frío en los brazos. Chapoteo. Mano blabca lanzándo cantos rodados. Misma mano traslúcida sumergiéndose entre otrigas. Y dolor consciente y morboso y concedido. Tintineo y más dedo en el agua, buscando voces lejanas, crujidos dentro. Incoherencia (un lecho terminal con tanta vida).
Y ahora vendárme los ojos. Buscar a ciegas otro cuerpo y sólo escuchar. Compás (tu respiración, tu respiración..).
Y ahora vendárme los ojos. Buscar a ciegas otro cuerpo y sólo escuchar. Compás (tu respiración, tu respiración..).
viernes, octubre 3
No podía plantearme otra forma de exprimir esa vida. Si era aquello lo que me había tocado, sabría malgastarlo y desperdiciarlo a mi manera, (la mejor de las mejores posibles). Y así se escurrieron mis años con sus días y esa inconsciente forma de pensar. Y no me arrepiento.
Que no, no hay arrepentimiento, todo giraba en un delirio constante y era luz, todo, silencios. Si existía reposo era por dedicación, tocarnos el alma, mordernos lo huesos; mancharnos de tinta hasta ser enteros azules, negros. Pero eran aquellos días. El mar nos arrancaba la piel a trizas y cada bocanada de salitre, culpables de nuestra inocencia.
Inocentes jactanciosos.
Que no, no hay arrepentimiento, todo giraba en un delirio constante y era luz, todo, silencios. Si existía reposo era por dedicación, tocarnos el alma, mordernos lo huesos; mancharnos de tinta hasta ser enteros azules, negros. Pero eran aquellos días. El mar nos arrancaba la piel a trizas y cada bocanada de salitre, culpables de nuestra inocencia.
Inocentes jactanciosos.
jueves, septiembre 4
Esta mañana, al despertarme, he escuchado tu voz.
No, no preguntes. Yo tampoco he encontrado el sentido.
Parece imposible, yo ya no debería acordarme siquiera . Ni de tu timbre ni su volumen, ni tu susurro ni de su grito. Tan exactos y cómo puedo, atendiendo sinceros al "hace tanto" que no paseas por mi oído.
Y parece mentira justo ahora, que no queda un poso de sabor de tabaco ajeno en mi boca. Que el olor a sal se ha borrado en la memoria y yo me pierdo en otros cuerpos, volviendo a morir y a romper y a gritar y a beber y a perder y a dejar de lado.
Y es casi inhumano hoy y ahora. Que hace demasiado tiempo que no importa. Que pensar no molesta y hace días me planteo si alguna vez significó.
Lo sabía desde un principio. No, no le busques explicación.
No, no preguntes. Yo tampoco he encontrado el sentido.
Parece imposible, yo ya no debería acordarme siquiera . Ni de tu timbre ni su volumen, ni tu susurro ni de su grito. Tan exactos y cómo puedo, atendiendo sinceros al "hace tanto" que no paseas por mi oído.
Y parece mentira justo ahora, que no queda un poso de sabor de tabaco ajeno en mi boca. Que el olor a sal se ha borrado en la memoria y yo me pierdo en otros cuerpos, volviendo a morir y a romper y a gritar y a beber y a perder y a dejar de lado.
Y es casi inhumano hoy y ahora. Que hace demasiado tiempo que no importa. Que pensar no molesta y hace días me planteo si alguna vez significó.
Lo sabía desde un principio. No, no le busques explicación.
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