Es la utopía lo que me mantiene con vida. Incertidumbres de posibilidad prácticamente nulas llenan mi cabeza a todas horas. Mientras salgo, entro, me desplazo y las cosas ocurren a mi alrededor. Todo debe tener una explicación racional. Lo que no la tiene no existe, no existe…
Porque, ¿Cómo explicar lo que no se puede explicar por inexistente? Busco el equilibrio, el modo de aparentar una normalidad tan fingida que a veces llega a destruir, sin pudores, todo lo que habita en mí. Y sentir como todo lo que me rodea se desvanece. Lo trivial es lo que menos alcanzo a comprender, el absurdo. Y yo, y mi incierta utopía, tratamos de mantenernos en pie. Aunque rompa con mis ideas. Aunque sé, sin necesidad de prueba, que ésta no es mi realidad.
(escrito un veintitrés de diciembre, 2007)
lunes, julio 21
viernes, julio 18

Quizá dijiste en silencio:
Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.
(José Emilio Pacheco)
Mientras tú agarras la marea;
yo voy jugando con los sonidos imperceptibles, cada
susurro del viento que, enredado en tu pelo, torna verso.
Y deslizar.
Recorriendo infinitos caminos, en surcos, en arena,
trayectoria con un dedo, (arena entre mis dedos),
tus dedos arena en mi nuca, en tus manos frías, furtivas de olas.
Azul.
Aún creo oir tu voz cayendo de cada nube blanca, o quizá
soplando a un centímetro en mi oido, e igual,
o quizá solo sueño, escucho promesas azules, mentirosas;
de imposibles, un mar, de caricias,
salitre en el alma (o nada).
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