-Chopin: Nocturne #7 In C Sharp Minor, Op. 27/1, CT 114
He visto la primera bandada de estorinos de la temporada. Hoy, esta mañana.
Al tiempo que voy grabando sobre mi cuerpo todas las sílabas que me conforman. Dibujando con trazo fino y ligero letras microscópicas que se funden con la piel; azules eternas, tatuadas.
Y en mis pies, palabras de fuerza, asiento, con sabor a barro y a charcos y a asfalto, de entereza.
En mis manos, melancólicas; en mis uñas nostálgicas.
(La sangre recogiendo la tinta, connotándola como el veneno perfecto).
En mi vientre aquellas, las prohibidas, conformando el tabú, deseo.
En mis párpados aquellas con luz que antaño estuvo, entre letra y letra, deslumbradas.
En mi espalda mesajes abstractos en cifrado, jeroglífico irreal, tiempos descompuestos en absurdo, incógnitas.
O mi pecho arañado por caligrafía hiriente, afilando términos para ensartar. Conducir dolor.
Y en mis labios. Mis labios. En mis labios una única plabra, ilegible y eterna, abarcando toda la boca, desdibujándose en las comisuras. La palabra definitiva. La que nunca inventaremos. La que, al fin, diga.
miércoles, noviembre 19
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
( suspiro )
te he leído con el nocturno de fondo.
Besos.
Publicar un comentario