sábado, diciembre 6

Qué quieres que le haga. Si nunca me he sentido bien, si cada línea de luz que dibuja la persiana en tu espalda me abrasa y aquí, en esta habitación tapiada, no soy capaz de alcanzar el aire y respirar, o ahogarme; abandonar la libertad.
Por un momento de esclavitud, por una milésima de segundo que todo lo cambia. Que atrapa. Que sella una nueva marca en mi piel, una nueva, primera, eterna. Y aunque nunca más.
Adiós, querido.


Escrito la noche del 29 de junio.

2 comentarios:

Tony dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
AdR dijo...

Una despedida que quema... al menos eso me ha parecido, como me parecen las filtraciones de luz por las persianas.

Besos